4 de noviembre de 2009

Souvenirs

* Warhol en la Blaa
























Estuve finalmente en lo de Warhol; vi, miré, y me fui. La visita duró un poco más de los 15 minutos famosos, o lo que demora un rasquetazo de serigrafía en imprimir los rasgos veloces de alguna ‘celebrity’ sobre un papel o una tela. Tiempo suficiente para recorrer esa colección de fantasmas planimétricos tan reales y anecdóticos como los accesorios que vendían en la tienda: bolsas de plástico, individuales, llaveros, objetos graciosos de quinceañera rebelde envueltos en un aura nostálgica del más seco design.

A diferencia de otros recorridos museales, donde lo que cuenta es la experiencia directa (y el contexto, si acaso, viene después), las obras de Warhol, con un par de excepciones (Mao, Campbells... y el Empire State consumiéndose en el granuloso tiempo del film), no parecían existir por su cuenta. Una sensación de descarga emocional, de pathos ahuecado, que ya había percibido frente a los trabajos de este artista en otras ocasiones. Además del vacío esencial, ‘americano’ (el desértico Western extendiéndose interminable por detrás de las fachadas), el tono general me recordó esas exposiciones de Arte Universal que hacía, o hace todavía, el Museo de Museos Colsubsidio: láminas de ‘obras maestras’, reproducciones de reproducciones en diferentes texturas y tamaños, apuntando al horizonte de algún 'original' completamente por fuera de las posibilidades del tacto.

Lo que interesa en Warhol es la crónica adjunta, la evocación del fetiche en la pared, la trivia picante, de primera mano; la relación atormentada y glamurosa que tuvo el albino carismático con su gente y con su época. Por eso es de extrañar que no hubieran puesto en evidencia sus libros. Toda esa textura ingeniosa que destila su impasible, y sin embargo rutilante autobiografía.


Segundo,

“Autobiografía” de Kazimir Malevich es una exposición documental que recorre el trabajo de uno de los artistas más importantes del siglo XX hasta su muerte y después. No deberiamos ver los artefactos de esta exposición como obras de arte. Más bien son souvenirs, especímenes selectos de nuestra memoria colectiva.
-Walter Benjamin.
















“En la Galería Gregor Podnar en Berlin, se exhibe actualmente una muestra del arte de Malevich bajo el título “Autobiografía”. Sin embargo, hay que señalar que a pesar de la prensa que ha recibido, no parece reconocerce la verdadera naturaleza de esta exposicición. Los trabajos presentados son sólo reproducciones del arte suprematista de Malevich. Ellos revelan al artista y su vida y la manera como su arte fue percibido como símbolo de creatividad espiritual así como producto material para el mercado del arte. La exposición, como dice un representante de la galería de Berlin, consiste en “varias exposiciones al tiempo”. Un artista, el cual no quiso revelar su nombre, llamándose a sí mismo Malevich, ha recorrido el camino artístico de Malevich no sólo reproduciendo su obra, sino siguiendo su ideología.

Luego de su carrera en la Unión Soviética, el trabajo original de Malevich reapareció en Ljubljana con la instalación ‘El último show Futurista.’ La exposición estuvo bajo autoría anónima pero los trabajos eran nada menos que las famosas pinturas suprematistas de Malevich. Hoy, en la sucursal berlinesa de la Galerija Gregor Podnar, galería que, a propósito, comenzó en Liubjana, un artista anónimo nombrándose a sí mismo Malevich, recreó la mayoría de las obras capitales de Kazimir Malevich. La muestra está curada en un estilo similar a como Malevich colgaba sus obras en el estudio. Lo que es consecuente con la noticia de prensa que comienza con una cita de Walter Benjamin, cuyo ensayo “ La obra de arte en la era de la reproducción mecánica” se ha convertido, desde su concepción en 1935, en uno de los textos de teoría del arte más importantes del siglo XX. El “aura”, término utilizado por Walter Benjamin para describir el trabajo percibido como auténtico, conteniendo por lo tanto algo de mágico valor ritualista, fue tenido realmente en cuenta. Y a pesar de que las reproducciones presentadas en la Galería Gregor Podnar no sean “auténticas”, no se han promocionado explícitamente como tales. De donde se deduce que una de las condiciones para la presencia del “aura” esté contenida en la ilusión de autenticidad.” (...)
(mi traducción)

Será que la falta de ‘aura’ en las obras de Warhol (hijas de su ‘Fábrica’), tiene algo que ver con lo que Benjamin detectó en las obras reproducidas de Malevich? “... artefactos que no deberíamos ver como obras de arte”, “souvenirs, especímenes selectos de nuestra memoria colectiva.”

... Curioso que con los readymades no pase lo mismo.














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Posdata Malevich- Basta comparar la progresiva licuefacción del ‘autor’, los avatares de sus copias, el collage impersonal de los textos (o texto de esta exposición) referido en cada uno de los enlaces adjuntos, para hacerse una idea del tipo de ‘autenticidad’ que ahí corresponde.


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