11 de noviembre de 2009

Fuera de serie # 7

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Theodore Kaczinski, the Unabomber

"Al momento de la conmemoración del 150 aniversario del nacimiento de Freud, el psicoanálisis es violentamente cuestionado. Pérdida de legitimidad, ineficacia, sectarismo... La historiadora Élisabeth Roudinesco recuerda el papel que tiene el psicoanálisis en la historia de la enfermedad mental y subraya los peligros de una visión demasiado normativa de la terapia psíquica.
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Le Point: Las terapias cognitivo-conductuales (TTC) le reprochan hoy en día al psicoanálisis su ineficacia terapéutica. A la hora del diagnóstico por la imagen y las neurociencias, se ha convertido en obsoleto?

Élisabeth Roudinesco : Por supuesto que no! De hecho, no habrían debido jamás oponerse. Ni son de la misma naturaleza ni tienen los mismos objetivos. Lo que uno llama terapias –personalmente he censado más de setecientas apelaciones- son técnicas a menudo fundadas sobre los conceptos del psicoanálisis. Podría decirse también que aquellos que hoy por hoy pretenden curar con la terapia-gestalt o la bioenergía son ante todo discípulos de Sigmund Freud y además de Wilhelm Reich. Por cierto, muchos de esos terapeutas son también psicoanalistas. Las llamadas terapias cognitivo-conductuales, en cambio, son técnicas de aprendizaje que rechazan, a menudo de modo violento, el conjunto de la conceptualidad freudiana. Ellas suponen una psicología de la determinación, sin referencia al inconsciente, y por la cual el sujeto se reduce a la suma de sus comportamientos.

L. P. : Y el psicoanálisis?

a)
E. R. : Presenta, también, aspectos terapéuticos, pero su campo de competencia es diferente. Pone al centro de la idea de curación la toma de conciencia por parte del sujeto de su ser. La filosofía freudiana nos confronta a lo trágico de nuestra existencia y al límite de nuestra libertad: estamos determinados por nuestro inconsciente pero, gracias al análisis, lo sabemos.

L. P. : Usted ha utilizado la palabra “filosofía”.

E. R. : En ese sentido, el psicoanálisis se une a las escuelas filosóficas de la antigüedad –el epicureismo, el neoplatonismo, el estoicismo...-, las cuales presentaban un aspecto terapéutico. No hay que olvidar que la medicina, al comienzo, era filosófica. Se convirtió en una ciencia y se separó de la filosofía, enseguida las medicinas del alma se diferenciaron de la medicina, y se comenzó, en el siglo XIX, a hablar de sicoterapia. Contrariamente a los sicólogos de su época, como por ejemplo, Pierre Janet, Freud fundó una nueva escuela filosófica. Él quiso ser un nuevo Sócrates. Lo que no implica que el psicoanálisis no pueda curar.

L. P. : Cómo explica usted el éxito del psicoanálisis en una sociedad europea mucho más conservadora que la que hoy conocemos?

E. R. : El psicoanálisis no se impuso tan fácilmente. Digamos que existían entonces razones objetivas para su desarrollo. La primera, justamente, está ligada al auge de la medicina científica, que va a concentrarse cada vez más sobre el estudio de los órganos y abandonar el siquismo. Ahora, al mismo tiempo, la siquiatría –que había evolucionado bastante desde que Philippe Pinel, en la época de la Revolución francesa, había demostrado que podían curarse los enfermos mentales- se hallaba en un callejón sin salida. Había logrado clasificar de manera sofisticada las enfermedades mentales, pero no se le hablaba a los locos : el asilo se había convertido en un jardín botánico. Y como si fuera poco, no sabía qué hacerse con aquellos que eran llamados medio-locos, categoría en la cual eran puestos tanto los niños que se masturbaban como las niñas que tenían convulsiones y los homosexuales. A finales del siglo XIX, dejaron de considerarse esas “taras” como vicios. La medicina los arranca de la moral y los designa como patologías. Se deben curar puesto que ponen en jaque el orden establecido. Es la homosexualidad de Oscar Wilde en Gran Bretaña, la histeria de las mujeres del pueblo en Francia o de las jóvencitas de la burguesía en Viena. La cura por la palabra va a liberar al sujeto de su alienación. Además, al mostrar que todo niño es un perverso polimorfe y que para hacerse adulto se despoja de ese estado, Freud demuestra que todos somos un poco histéricos o perversos, invirtiendo así la relación entre la norma y la patología.

L. P. : Y sus discípulos harán entrar al asilo el análisis...

b) ... spared from demolition
E. R. : A Freud le interesaban poco los enfermos mentales. Él pensaba que el psicoanálisis no tendría un efecto evidente en aquellos que uno llamaba sicóticos, es decir los enfermos mentales. Pero Karl Abraham y Carl Gustav Jung pensaban lo contrario. Estamos entonces en el límite de la aproximación orgánica de la locura que incluía el encierro, los baños, los tratamientos eléctricos... Los siquiatras se inclinan entonces hacia el siquismo y el tratamiento sicológico por la palabra. Es en Zurich, en la clínica donde trabaja Jung, que se inventa en 1906 el término esquizofrenia y que se experimenta por primera vez el psicoanálisis sobre los enfermos mentales, los cuales, le recuerdo, eran dejados al abandono. Entre más se desarrolla el psicoanálisis, más se interesa en la sicosis. Es por medio de la siquiatría que va a conquistar el mundo y hasta 1945, la siquiatría es de inspiración psicoanalítica. Hoy todavía, la clínica psicoanalítica es esencial en pedosiquiatría, al menos en Francia, donde todavía se resiste a drogar a los niños y a tratarlos con medicamentos.

L. P. : Neurosis, sicosis... Cuáles son hoy en día los campos de investigación del análisis?

E. R. : Los males del siglo : las patologías narcisistas, las adicciones, la depresión, las crisis de identidad...

L. P. : Sufrimientos que se tratan también con Prozac, no?

E. R. : Es claro que desde los años 1970 la relación con los medicamentos ha cambiado. Al principio, sin embargo, la cura freudiana iba de la mano con las drogas. Al final de su vida, Freud estaba además convencido que encontraríamos drogas para tratar la enfermedad mental, incluso las neurosis. Después de la Segunda Guerra mundial, cuando llegaron los sicotrópicos y sobre todo los neurolépticos, se estableció una alianza muy fructífera entre el tratamiento con medicamentos y el análisis. Hasta los años 1960, durante cerca de treinta años, los dos cohabitaron. Puede incluso decirse que la expansión del psicoanálisis en el mundo es contemporánea de aquella de los sicotrópicos. Luego, como siempre en la historia de las ciencias, la balanza se invirtió y la causalidad orgánica comienza de manera progresiva a dominar nuevamente la siquiatría bajo la influencia de la farmacología. Entonces se piensa que va a hallarse el origen de la locura gracias a la neurología, y después al desarrollo del diagnóstico por medio de la imagen cerebral, y finalmente por los genes.

L. P. : Pero los médicos siquiatras se pusieron a renegar del psicoanálisis. Porqué? Es porque las curas por la palabra no eran eficaces?

E. R. : A partir de los años 1970, muchos médicos creyeron que no habría más necesidad de los cuidados síquicos, que los medicamentos podrían impedir los suicidios. Pero ya estamos al final del período en el que se creía que los medicamentos pueden curar todo. Tenemos necesidad de volver al siquismo. Ya los americanos, que fueron los primeros en refutar el psicoanálisis, regresan sino a el, por lo menos hacia el tratamiento síquico.

L. P. : Porqué los analistas se oponen en su gran mayoría a la creación de un diploma?

c) Unabomber's cabin in a FBI storage
E. R. : Freud consideraba que el psicoanálisis debía desarrollarse en un gran movimiento que crearía sus propias instituciones. Consideraba que para ser psicoanalista, se necesitaba pasar uno mismo por una cura. Ciertamente uno puede enseñar en la universidad el corpus analítico (los conceptos, la historia, la clínica) pero la cura por sí misma, no. Es un paso voluntario, privado, íntimo... Freud pensaba con razón que eso no podía depender de un diploma de Estado. Pero el precio a pagar es que esta disciplina es extraña y que sus practicantes se encuentran un poco en la misma situación que los sacerdotes. Uno puede enseñar teología en la universidad, pero no es la universidad la que puede formar religiosos. Incluso si puede aprenderse el corpus psicoanálitico en la universidad, el analista aprende igualmente la clínica por intermedio de una relación transferencial con un maestro: es lo que se llama el psicoanálisis didáctico.

L. P. : Que se parece a una iniciación, con una relación maestro-alumno marcada...

E. R. : Sí, pero que no tiene nada de esotérico o de oculto. No hay un saber secreto. Las asociaciones de psicoanális no son sectas, incluso si pueden observarse fenómenos de idolatría. No hay otros mundos, ni gurus, y existen, en esas asociaciones, procedimientos de exclusión en caso de explotación síquica o física de los pacientes. Las instituciones psicoanalíticas que forman a la mayoría de los analistas posen reglas deontológicas estrictas, y el hecho de que sean muy numerosas en Francia es, a mi modo de ver, la mejor defensa contra los charlatanes.

L. P. : Porqué, según usted, es solamente ahora que los poderes públicos se interesan en la profesión de terapeuta?

E. R. : Nosotros vivimos en una época cientifista en donde el higienismo prolifera y donde el Estado se convierte, gracias a la ciencia, en el portador de un biopoder. En vez de ocuparse de la opinión, que se ha vuelto “libre”, él se hace cargo de los cuerpos y las almas. Y claro, un Estado tiene necesidad de validar, de controlar y de organizar. Lo que es cierto para el oficio de terapeuta, pero eso pone problemas más graves que la simple organización de la profesión. Se trata de saber hasta dónde puede llegar el control del estado sobre la vida privada. Ciertamente, las grandes políticas higienistas (contra el tabaco, el cáncer, las enfermedades cardiovasculares, la diabetes o la obesidad, por ejemplo) pueden ser positivas, pero a un momento dado chocan con modos de vida más personales. Se pasa entonces del tratamiento a la prevención y a la gestión de nuestros comportamientos, y por consiguiente a nuestra vida sexual y amorosa, a nuestros secretos, a conflictos que no pertenecen a la medicina.

L. P. : Y usted piensa que los poderes públicos no sabrán imponerse sus límites?

d) Robert Kusmirowski, Unacabine, 2008
E. R. : Cuanto más se va del lado del siquismo, más la regla se nos escapa. Claro, las políticas quieren individuos normatizados, no sólo en sus vidas orgánicas, sino también en sus vida síquica, individuos que no se maten, que hagan el amor pero no demasiado, que no tengan pasiones. Y para asegurarse que sus políticas son eficaces, tienen necesidad de evaluar. Claro, lo sabemos, la sistematización de la evaluación puede desembocar en absurdidades. Imagine, por ejemplo, que el Estado decide que un analista es erróneo cuando no cura al 100% sus pacientes suicidas. Sabemos que un tal resultado es inalcanzable, sea cual sea el tratamiento. Entonces, los analistas no tomarán en análisis a los suicidas. Es lo que ya sucedió en los Estados Unidos, donde estas personas son tratadas exclusivamente con medicamentos. Demasiadas estadísticas y evaluaciones matan la buena regla.

L. P. : Pero no es importante establecer un mínimo de igualdad en la relación entre paciente y analista? Un análisis es un proceso que puede durar más de diez años. A razón de varias sesiones por semana, generalmente no reembolsadas, es bastante costoso, y de ñapa, el resultado es incierto. Puede parecer concebible que el Estado quiera proteger a quien se acuesta en el diván?

e) El Manifiesto y otros artículos 
E. R. : Un analisante es también una persona responsable y la cura síquica, cuando no es practicada en un marco hospitalario o médico sicológico, es un asunto privado entre dos personas : un psicoanalista o un sicoterapeuta, y un paciente. Eso no tiene que ver con el Estado ni con la medicina. Pero nosotros vivimos en una sociedad en donde la mayoría de las personas se consideran enfermos o víctimas potenciales de los charlatanes. De ahí que busquen ser protegidos por el Estado en todos los actos de su vida. Por cierto, el Estado refuerza esta victimización enarbolando el espectro de las sectas contra las cuales, obviamente, hay que luchar. Dónde debe detenerse la ideología securitaria? Protejamos a los niños de las violencias o las mujeres maltratadas, protejamos las personas contra todas las agresiones posibles. Pero ahí hay un límite más allá del cual el remedio será más pernicioso que la enfermedad. El problema, según me parece, no es el psicoanálisis o la práctica de los analistas, sino la sociedad misma. Le tiene miedo al riesgo. Cuando una sociedad le teme a todo riesgo, pierde sus valores sagrados, su coraje y toda forma de heroismo. Está entregada entonces a la dictadura y a la sumisión, es decir a servilismo voluntario. Es así como se apagan las civilizaciones más florecientes."
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Propos recueillis par Catherine Golliau
Le Point Hors-série n° 7 / Mars-avril 2006


(traducción y montaje de la secuencia Unabomber : mauricio cruz)
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