4 de junio de 2011

El proceso creativo (1957)

Texto de una intervención de Marcel Duchamp en una reunión de la Federación Americana de las Artes en Houston (Texas), en abril de 1957. La mesa redonda estaba compuesta por William C. Seitz (Princeton), Rudolph Arnheim (Sarah Lawrence), Gregory Bateson, antropólogo, y M. D., “pobre artista”.
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Moulin à Café, 1911

Consideremos primero dos factores importantes, los dos polos de toda creación de índole artística : por un lado, el artista, por el otro, el espectador que, con el tiempo, se convierte en la posteridad.

Según parece, el artista actúa a la manera de un ser mediumínico que, del laberinto más allá del tiempo y el espacio, busca su salida hacia un claro.

Si acordamos entonces al artista los atributos de un médium, debemos negarle igualmente la facultad de ser completamente consciente, sobre el plano estético, de aquello que hace y porqué lo hace –todas sus decisiones en la ejecución artística de la obra permanecen en el dominio de la intuición y no pueden ser traducidas en un autoanálisis, hablado o escrito o incluso pensado.

T. S. Eliot, en su ensayo Tradition an Individual Talent, escribe : “El artista será tanto más perfecto cuanto más completamente separados estén el hombre que sufre y el espíritu que crea; y tanto más perfectamente el espíritu digerirá y transmutará las pasiones que son su elemento.”

Millones de artistas crean, algunos miles sólamente son discutidos o aceptados por el espectador, y menos todavía son consagrados por la posteridad.

En último análisis, el artista puede gritar a todos los vientos que él tiene genio, pero deberá esperar el veredicto del espectador para que sus declaraciones adopten un valor social y que finalmente la posteridad lo cite en los manuales de la historia del arte.

Yo sé que esta manera de ver no encontrará la aprobación de muchos artistas que rechazan este papel mediumínico e insisten en la validez de su plena consciencia durante el acto de la creación –y, sin embargo, la historia del arte, en varias ocasiones, a basado las virtudes de una obra sobre consideraciones completamente independientes de las explicaciones racionales del artista.

Si el artista, en tanto ser humano lleno de las mejores intenciones hacia sí mismo y el mundo entero, no juega ningún papel en el juicio de su obra, cómo puede uno describir el fenómeno que lleva al espectador a reaccionar ante una obra de arte? En otras palabras, cómo se produce esta reacción?

Este fenómeno puede ser comparado a una “transferencia” de el artista al espectador bajo la forma de una ósmosis estética que tiene lugar a través de la materia inerte : color, piano, mármol, etc.

Pero antes de ir más lejos, quisiera dejar en claro nuestra interpretación de la palabra “Arte” sin, por supuesto, pretender definirla.

Quiero decir, simplemente, que el arte puede ser bueno, malo o indiferente, pero que, sea cual sea el epíteto empleado, debemos llamarlo arte : un arte malo es de todos modos arte así como una mala emoción sigue siendo una emoción.

Por tanto, cuando más adelante hablo de “coeficiente de arte”, queda entendido que no sólamente empleo este término en relación con el gran arte, sino que intento también describir el mecanismo subjetivo que produce una obra de arte al estado bruto, malo, bueno o indiferente. Durante el acto de la creación, el artista va de la intención a la realización pasando por una cadena de reacciones totalmente subjetivas. La lucha por la realización es una serie de esfuerzos, dolores, satisfaciones, rechazos, desiciones que no pueden ni deben ser plenamente conscientes, al menos en el plano estético.

El resultado de esta lucha es una diferencia entre la intención y su realización, diferencia de la cual el artista no es para nada consciente.

De hecho, un eslabón falta en la cadena de reacciones que acompañan el acto de creación; este corte que representa la imposibilidad del artista de expresar completamente su intención, esta diferencia entre aquello que había proyectado realizar y lo que realizó es el “coeficiente de arte” personal contenido en la obra.

En otros términos, el "coeficiente de arte personal” es como una relación aritmética entre “lo que está inexpresado pero estaba proyectado” y “lo que es expresado inintencionalmente”.

Para evitar todo malentendido, debemos repetir que ese “coeficiente de arte” es una expresión personal “de arte al estado bruto” que debe ser refinado por el espectador, así como la melaza y el azúcar puro. El índice de ese coeficiente no tiene ninguna influencia sobre el veredicto del espectador.

El proceso creativo toma un aspecto totalmente distinto cuando el espectador se encuentra en presencia del fenómeno de la transmutación; con el cambio de la materia inerte en obra de arte, una verdadera transubstanciación tiene lugar y el papel importante del espectador es determinar el peso de la obra en la balanza estética.

En resúmen, el artista no está solo al cumplir el acto de creación pues el espectador establece el contacto de la obra con el mundo exterior descifrando e interpretando sus cualificaciones profundas, agregando de este modo su propia contribución al proceso creativo. Esta contribución es todavía más evidente cuando la posteridad pronuncia su veredicto definitivo y rehabilita a artistas olvidados.

(texto inglés original en Arts News, vol 56, n. 4, Nueva York, verano de 1957. Traducción al francés de M. D., y del francés al castellano, mauricio cruz) >> otro



Anexos 












1. On “The Creative Act”,  Julian Jason Haladyn
http://toutfait.com/on-the-creative-act/

2. JORGE SEGURA YEPES –PENSAMIENTO POÉTICO IV
sep. 2014

Las estructuras académicas del Arte por lo general refieren la producción Artística con grillas y posiciones determinadas en campos rígidos y básicos como estilos, ismos, escuelas y demás construcciones que pretenden limitar y delimitar las formas de pensamiento, esto no permite fluir y navegar de una manera libre por la historia del arte o por el pensamiento artístico en general desde una perspectiva amplia, sino que pretende una visión lineal o cronológica promoviendo un análisis y un enfoque racional de la producción Artística.

Duchamp llama la atención sobre las posibilidades significativas de la obra en tanto el espectador, con el tiempo, se convierte en “la posteridad” y permite de esta manera “evaluar” una obra en relación a su pertinencia, vigencia y posibles actualizaciones más allá de un tiempo y un espacio determinados. El ser humano tiene la necesidad de entender/ver/conocer/acercarse a ciertos problemas que en sí mismos trascienden el lenguaje y las barreras racionales. De esta manera un proceso creativo no puede ser completamente consciente.

El proceso interpretativo (espectador/posteridad) es así pieza fundamental del acto creativo. La interpretación se convierte en un ejercicio de construcción dónde no sólo los referentes pertinentes proyectan un bagaje particular, sino también las asociaciones son destellos de elementos inconscientes importantes que solo toman forma y se jerarquizan bajo parámetros muy personales. Un ejercicio de interpretación se convierte en una proyección personal porque necesariamente se toman decisiones se siguen rutas y eso refleja una serie de preocupaciones e intereses particulares haciendo del ejercicio de interpretación un recorrido personal e inagotable.

La producción de imágenes también de una manera inconsciente refleja las construcciones sociales que son fruto de toda la historia de la humanidad, cada imagen está cargada en su esencia y contiene como lastre complejo un reflejo social e individual fruto de condiciones colectivas, aunque no sea una imagen construida minuciosamente no es necesaria esa conciencia o capacidad intelectual del autor para que potencialmente esa imagen permita producir conocimiento y llegar a un ejercicio interpretativo complejo, pues se convierte más en tarea del que interpreta, si bien algo está y es, la construcción de significado es lo que nos permite articular el universo y pensarlo por eso también es decisión personal y muchas veces inconsciente parar a revisar o seguir de largo ante un signo cualquiera.

Es también muy importante, dentro del proceso creativo, la diferencia que Duchamp subraya entre la Intención primaria de una obra y su realización, o entre la proyección inicial y su resultado, pues es ahí, en esta diferencia dónde se imprime una identidad a la obra, dónde se develan visos del recorrido intuitivo del autor y su inconsciente, y permite entender la importancia en los dos polos (ARTISTA/ESPECTADOR) del componente irracional del proceso creativo.

Esto me parece muy interesante para reparar más en la construcción de imágenes populares o generadas desde lo alternativo al “pensamiento artístico” del circuito del arte o producido en la academia pues es una línea que se ha determinado más por mantener bien definida la profesión, sus alcances y sus intereses como “institución del arte” pero hay algo latente en el pensamiento artístico de toda la producción social cada objeto como una puerta como un puente. El ejercicio ahora es de reconocimiento.

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